“No entiendo mi día a día sin lo marista”

18 de enero. Joseba Louzao Villar es profesor en el Centro Universitario Cardenal Cisneros de Alcalá de Henares y miembro del equipo de laicado de la Provincia Ibérica marista. Nació en Bilbao, y allí también se licenció y doctoró en Historia por la Universidad del País Vasco, pero su infancia la vivió en Galicia. Entre estas dos tierras, encontró un nexo común que pasaría a formar parte intrínseca de su vida: el mundo marista, al que empezó a pertenecer desde muy corta edad por sus estudios en el colegio. Su trayectoria marista le ha acompañado a lo largo de los años como estudiante, animador de Grupos Marcha, y después laico vinculado y profesor. Cuando habla de los Maristas tiene una palabra en mente: hogar. 

Oficina de comunicación: ¿Cómo comienza tu historia con el mundo marista?
Joseba: Entré al colegio marista de Orense a los cuatro años. Nací en Bilbao, pero con cuatro años mis padres por motivo de trabajo se desplazaron a Orense. En ese colegio estoy hasta los 14 años, que volvemos a vivir al País Vasco. En este momento se me plantea la posibilidad de cambiar de colegio. Íbamos a vivir a Basauri, y por aquel entonces no había autobuses directos que te llevaran al colegio marista, que está en Bilbao. Mis padres me dejaron elegir entre un colegio público que hay al lado de mi casa, o la opción de seguir en los Maristas yendo en transporte público. Yo no me acuerdo bien, pero mis padres siempre cuentan que no dudé ni un instante: “quiero continuar en Maristas”.

Además de estudiante, has sido animador de Grupos Marcha…
Mi perfil es un poco extraño. En Orense fui a Grupos Marcha dos años, pero no quise volver porque no me atraía. Una vez en Bilbao, ya cumplidos los 17, acudo con varios amigos al camino de Santiago. Allí entro en contacto con el hermano Patxi, y él me anima a formar parte de los encuentros juveniles. Entonces empiezo a desarrollar mi perfil como animador y acompañante de grupos de catecumenado. Entro en grupos a los 18 años y desde entonces he estado, pero no he vivido todo lo anterior. Con la formación como animador es como me va cautivando el carisma marista, como me voy reconociendo marista.

Y en la actualidad, trabajas también en la comunidad marista.
Sí (se ríe). Y una anécdota. Cuando me sale la oportunidad de dar clase en el Centro Universitario Cardenal Cisneros, mi madre me dijo: “me preocupo porque te vas lejos de Bilbao”. Pero recuerdo que también me dijo: “pero bueno, me preocupo menos, porque vas a casa”. Mi madre también reconocía que para mí es un hogar. No entiendo mi día a día sin lo marista.
Y en este sentido, además de trabajar en el centro, acompaño a grupos de catecumenado en el colegio San José del Parque de Madrid. Tengo la suerte de que mi mujer también es laica marista. Es médico, y no tiene nada que ver con la educación, pero es una laica vinculada, como yo, al carisma de la provincia. Estos grupos los combino con la labor social. Cuando nos vinculamos pensamos que teníamos que salir de lo conocido, y buscamos otras cosas para hacer. Llevaba tiempo llamándonos el tema social. Ella un año antes que yo, pero ahora ya juntos, vamos a Espiral. Una vez a la semana estamos con los niños de esta asociación, también marista. Y, además, pertenecemos a la fraternidad Bethlehem. Llevamos cuatro años ya como fraternidad. Era un grupo de San José del Parque que ya existía antes de que yo llegara. Casi todos procedemos de grupos marcha en origen.

¿Cuándo comenzaste en la fraternidad?
Un año después de venir a Madrid para trabajar en Alcalá, es decir, en 2013. En la universidad llevo ya seis años. Cuando entré en el grupo de San José del Parque, mi mujer también entró a la vez, y al año, nos constituimos como fraternidad. Es muy sencilla. Marcelino decía que hay tres lugares para encontrarse con Jesús, y uno era el belén.

En esas fechas empezaste también en el equipo de laicado marista…
Así es. Un año después de llegar aquí se me hace la invitación. Consideran que por mi perfil podría encajar en él. Y desde entonces, estoy trabajando en el equipo de laicado de la provincia. Llevo ya dos años que me ha tocado ser coordinador de una comisión europea de hermanos y laicos. Hay un representante de cada provincia europea. Y nos juntamos y hablamos de diferentes temas. Nos encontramos una vez al año físicamente, y cada encuentro intentamos que sea en una provincia. En estas reuniones nos intentamos encontrar con realidades laicales.

¿Qué otras funciones tienes en el equipo de laicado?
Trabajamos todos codo con codo en todo tipo de cuestiones: a nivel de comunicación, a nivel formativo, en la preparación de los encuentros, y también hay una parte muy importante que no se ve tanto, pero que le dedicamos muchas horas, que es a reflexionar y a pensar, y a establecer un marco. No es un marco académico como tal, pero sí se establecen las ideas de hacia dónde nos tenemos que mover, porque a veces el problema que tenemos en los equipos, en todos, es que el hacer nos lleva a no parar, y por eso hay que tener las cosas claras, un mapa hacia dónde ir.

¿Cuáles son los objetivos de este equipo de laicado?
Acompañar la vida laical de la provincia, en todos los sentidos: a las fraternidades, a los laicos, y a los laicos vinculados especialmente. De nosotros dependen también los grupos maristas de encuentro, que se reúnen una vez al mes y trabajan unas fichas que preparamos para cada ocasión. Hemos hecho fichas de cristología, de eclesiología, de espiritualidad… El año pasado hicimos de personajes bíblicos. Y este año es de lugares bíblicos. No es una formación al uso, pero sí implica conocer parte de la historia bíblica y la eclesiología, y sobre todo llevarla a tu vida. Y compartirlo, en este caso, con grupos de profesores y también de padres de alumnos que quieren tener un espacio de encuentro donde poder hacer oración.
Y con los diferentes equipos de la provincia mantenemos a su vez relación. Como he comentado, yo estoy directamente involucrado con pastoral juvenil y vocacional, y desde el equipo de laicado trabajamos acompañando el salto de los grupos de catecumenado a la edad adulta (que se considera a partir de los 25 años), en la que ya no dependes de los Grupos Marcha. Al final de catecumenado hay un discernimiento tanto individual y personal como grupal de cuál quieres que sea tu lugar en la Iglesia, que puede ser lo marista, pero en el proceso también se intenta que se vean otras realidades eclesiales. Si te han gustado mucho los grupos jesuitas y te vas, no va a ver ningún problema. Lo que queremos es que haya una respuesta adulta y responsable a cuál es tu lugar en la Iglesia. Nosotros estamos presentes en ese paso, y en este sentido, quiero recalcar la importancia que tiene la reflexión en el SER y no tanto en el HACER. El salto adulto a nivel carismático es difícil.