Espíritu de familia

Espíritu de familia

El espíritu de familia es otro de los rasgos característicos de la comunidad educativa marista desde sus orígenes. El amor a los niños y jóvenes es la primera condición para poder educarlos.

Los niños, en las escuelas de Champagnat, entra en un ambiente familiar donde las actitudes son sencillas y auténticas. El espíritu de familia elimina, de entrada, la severidad de una disciplina fría e impersonal. El espíritu de familia hace confiar en el niño más allá de lo que haga.

Un verdadero espíritu de familia contribuye a mantener un sano equilibrio en la relación entre educadores y educandos. 

En nuestra acción educativa

- Procuramos que todos se sientan acogidos cuando vienen a nuestra obra educativa.
- Hacemos que reine en nuestros centros un espíritu de acogida y aceptación.
- Buscamos que los alumnos se sientan orgullosos de su pertenencia al centro.
- Hacemos que todos se sientan valorados y apreciados, sea cual sea su posición académica, laboral o social.
- Prestamos mejor atención a aquellos que tienen más necesidades.
- Conocemos personalmente a nuestros alumnos y a nuestros compañeros de trabajo.
- Conocemos a las familias de nuestro alumnos.
- Llamamos a los alumnos por su nombre.
- Creamos un clima de convivencia basado en el diálogo, la comprensión, la tolerancia y el respeto a los derechos de todos y de cada uno.
- Fomentamos el trabajo en grupo.
- Promovemos la responsabilidad compartida y la autonomía responsable.
- Estamos atentos a los alumnos que atraviesan circunstancias personales o familiares difíciles.
- Participamos de forma concreta del compromiso social del centro.
- Nos interesamos por las noticias de familia en la comunidad educativa.
- Cuidamos los pequeños detalles de la vida diaria.
- Felicitamos a los alumnos y a los compañeros del centro por su cumpleaños.
- Creamos un ambiente de confianza en nuestras relaciones interpersonales.
- Favorecemos la autoestima, la autonomía y el crecimiento personal de los alumnos.