No tiene precio

22 de junio. Sin darnos cuenta, se pasa el tiempo y llega el día 20 de mayo, fecha en la que nos ponemos en marcha para viajar a Xaudaró donde nos han invitado a dormir para poder estar puntuales al día siguiente en el aeropuerto. El lunes 21 embarcamos hacia Lyon, llegamos a L´Hermitage a las 12:30, la hora de la comida, ¡qué horarios tienen estos franceses! Nos dan las habitaciones y después de comer y de deshacer la maleta, el H. Benito y Heloisa nos enseñan la casa. A mí se me ponen los pelos de punta, pensando que estamos en los lugares maristas donde comenzaron esos 200 años que llevamos de recorrido.

El martes día 22 a las 9 de la mañana sale el autobús, vamos a Rosey, lugar de nacimiento de Marcelino, los hermanos nos acogen en su casa y nos enseñan un vídeo de la familia de Marcelino, para situarnos y ver quién es quién. Visitamos lo que se puede de su casa, la iglesia que se erigió en conmemoración de su beatificación y por último tenemos una dinámica sobre la familia. Pensamos en lo importante que ha sido el lugar de nacimiento de Marcelino, su familia, su entorno, su contexto histórico, para la posterior fundación del Insituto. Después de comer caminamos rumbo a Marlhes, un paseo agradable y con un sol que daba gusto. Más tarde la climatología se complica y no podemos ir a visitar los lugares donde estaba la casa del joven Montagne. Entramos en la iglesia de Le Bessat donde nos explican la importancia de Marcelino en la zona y volvemos a casa.

El miércoles nos vamos a Maisonnettes, visitamos la aldea y la casa del hermano Francisco. Allí relacionamos a los niños con Marcelino, Marcelino iba al encuentro de los niños. Desde allí nos vamos andando hacia La Valla, un paseo que nos ayuda a darnos cuenta de cómo era su día a día y a hablar entre nosotros y conocernos un poco mejor de lo que ya nos conocíamos hasta ahora.
En La Valla nos recibe la comunidad de hermanos y después de comer visitamos la casa donde está la MESA. Ahí te das cuenta de lo que tuvieron que pasar y pensar en torno a ella, de las crisis que sufrieron, de la importancia de la Buena Madre. Por la tarde volvemos a L´Hermitage andando, recorriendo las orillas del río Gier.

El jueves es un día de trabajo en L´Hemitage, a unos les toca tirar de azada, a otros pintar, rastrillar… cosas a las que hoy no estamos tan acostumbrados como lo estaban los hermanos en aquel entonces. Por la tarde vamos a conocer Lyon, el monasterio de Fourvière y el casco viejo.

El viernes es el último día de estancia allí, es un día en el que trabajamos por un lado la unidad que tiene que haber entre los hermanos y los laicos y por otro el tema de la espiritualidad, para posteriormente tener la tarde libre y poder pensar y reflexionar sobre lo que hemos hecho en estos días tan apasionantes.

El sábado volvemos a casa.

La vivencia que nos llevamos de estas tres semanas, no tiene precio. Yo creo que pararte a pensar en ti como persona, en conocerte, pensar en lo que hacemos, en lo que transmitimos y luego terminar conociendo los lugares maristas, nuestros orígenes, es algo inolvidable y necesario y si a eso le añades el lujo de grupo que hemos hecho, pues todo resulta perfecto.
No quiero terminar estas líneas sin agradecer a todas las personas que han hecho posible que pudiéramos hacer este curso de formación, desde el equipo directivo de mi colegio por pensar en mí, hasta todas las comunidades con las que hemos compartido estas tres semanas intensas.

Quiero agradecer especialmente al H. Benito, que con su sencillez, con su alegría, con su saber transmitir, con sus ganas de vivir, nos hace sentir y ver que lo que estamos desarrollando en nuestros centros merece la pena, que es lo mejor que podemos hacer. Han sido unas semanas muy fructíferas, en las que hemos tenido la gran suerte de poder parar en nuestro día a día para pensar, ver qué hacemos, dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos.

Punto y aparte merecen el H. Andreu y el “padre” Ángel que han cuidado de nosotros y que han estado siempre encima para que no nos faltara ningún detalle y que todo estuviera siempre como ha estado, perfecto.

Ángel San Millán. Colegio de Logroño.

fuente: maristas.es