Salgo del sistema

23 de marzo. "Hoy empiezo una nueva vida. Salgo del sistema." Armando es un joven que desde abril de 2006 ha sido un beneficiario del proyecto de los hermanos maristas de Bucarest. Llegó con nueve años y se marcha ahora con 21 años cumplidos. Cuando llegó estaba en el segundo curso de educación primaria, cuando deja el sistema está en la universidad en segundo curso de „Asistencia Social”. Con su familia no tiene ninguna vinculación. A lo largo de estos 12 años pasados en el Centro SF. Marcellin Champagnat ha mantenido sólo algunas relaciones puntuales y formales.

En el tiempo que ha estado en el centro se ha implicado en la buena marcha del mismo y ha asumido responsabilidades que ha sabido llevar a buen fin. Deja el sistema de protección pero continua con los maristas en el piso social que los hermanos compraron para los chicos que salían del sistema. En el piso junto con Robert y Adrian prosigue su formación y su caminar hacia su "autonomia personal”. Lo que sigue es lo que Armando ha escrito en su cuenta de Facebook.

Quiero agradecer a los hermanos Maristas de Rumanía por haberme acompañado en el camino que he ido recorriendo en estos casi doce años que he estado en el Centro SF. Marcellin Champagnat. Han estado junto a mí cuando he necesitado su apoyo, han caminado delante demí cuando necesitaba que me mostraran el camino y siempre me han acompañado. He comprobado que los Hermanos Maristas no se cansaban de ofrecerme todo lo mejor, incluso cuando yo no tenía nada que devolverles.

He aprendido con los hermanos Maristas que en la vida encuentras personas especiales que te cambian la vida, porque llegan a formar parte de ella, que te hacen reír hasta que no puedas parar y te hacen sentir que el bien existe en el mundo. Doy gracias porque los hermanos Maristas me ofrecieron sus hombros para apoyarme cuando me sentía derrotado, sus manos me ayudaron a seguir adelante y sus corazones hicieron que sanaran todas mis heridas.

Lo que más me ha guastado de los hermanos Maristas ha sido comprobar que cada vez que los niños cometían errores, los hermanos asumían su responsabilidad, cuando los niños se sentían infelices ellos consideraban que era su obligación devolverles la felicidad, las veces que los niños eran heridos comprobaban que tenían cerca a los hermanos luchando a su favor. Quiero agradecer al personal contratado que está trabajando con gran dedicación y generosidad. En particular, quiero agradecer a la trabajadora social por el amor, la dedicación y el profesionalismo con el que trabaja y se involucra en la relación con los ninos.

En conclusión, deseo que el entorno en el que crecen los niños en dificultad sea lo más parecido al entorno familiar. Donde los niño puedan sentirse como parte de una familia. Que experimenten y vivan el amor y el afecto incondicional. Deseo que todos reciban respeto, aceptación y paciencia, porque cuando son menores estos sentimientos son importantes para desarrollarse de manera armoniosa y equilibrada. También hay que esforzarse para ayudar a los menores a superar el trauma que les ha generado el abandono.

¡Gracias por todo, hermanos, educadores, voluntarios, amigos...!”
 Armando Lincan, 21 años.