Case ale Sperantei - Cristina y Anastasia

15 de enero. Cristina y Anastasia, dos chicas del Centro S. Marcellin Champagnat, han pasado las fiestas de Navidad y “Revelion” con su madre. Cristina tiene 11 años y Anastasia ha cumplido ya los 12. Regresaron al centro el domingo 7 de enero. Son dos niñas que se han incorporado últimamente a nuestro proyecto. Cristina habla mucho, es muy extravertida y Anastasia es más reservada e introvertida.
Desde primeras horas del lunes, 8 de enero, ya estuvo Cristina detrás de la Asistenta Social del centro para poder hablar por teléfono con su madre. En todo el día no pudo realizar su deseo. El teléfono sonaba y sonaba, pero nadie respondía. El martes y el miércoles sucedió lo mismo, llamó y llamó. El silencio fue la única respuesta.
El jueves de nuevo Cristina empezó desde la mañana a pedirnos que llamáramos a su madre. Le llamó unas cuantas veces desde el teléfono de su educadora, lo mismo sucedió con la Asistenta Social y a eso de las cuatro de la tarde subió a mi despacho. Me pide que si puede llamar, la miro y le pregunto cuántas veces ha intentado hablar con su madre. Me dice que muchas, pero que no ha hablado desde que se despidió en el centro el domingo.
Sus pequeños ojos, sus manos, el tono de su voz transmiten miedo, inseguridad. Desde mi teléfono llama y de nuevo lo único que se oyó fue el tono de llamada. Me dice Cristina. ¡Tengo miedo, Juanki! No sé por qué no responde. Le pregunto si hay otra forma de localizarla, me dice que tiene cuenta en Facebook, entro y busco el nombre de su madre e inmediatamente aparece la cuenta que buscamos. Nada más abrir la cuenta de la mamá aparece el siguiente mensaje: „AM VORBIT CU CINEVA SI M-AM HOTARAT SPRE BINELE LA COPIII MEI SA PARASESC TARA”. („He hablado con alguien y he decidido por el bien de mis niños abandonar el país”).
Cristina rompió a llorar, lloraba en silencio, unos grandes lagrimones caían de sus tristes ojos. Vino a mi lado y me abrazó. No dijo nada. Silencio y abrazo, sin más. ¿Por qué lo ha hecho, Juanki? Con unos clínex que le di se secó las lágrimas. Yo le propuse que fuera a buscar a Anastasia. Temblaban sus labios, sus manos, sus piernas. Hizo un esfuezo y fue en busca de su hermana. Al regresar sus pasos se sentían tristes y lentos, como faltos de vida.
Anastasia llega al despacho, en la pantalla continúa escrito el mensaje: „AM VORBIT CU CINEVA SI M-AM HOTARAT SPRE BINELE LA COPIII MEI SA PARASESC TARA”. Las dos hermanas, se miran una a la otra, se ponen a llorar. Es un lloro que tardaré en olvidar, era silencioso de esos que rasgan todo. Vi a las dos niñas rotas, perdidas, mirándose la una a la otra, sin más. Cristina dice: Sabía que lo haría y Anastasia le responde: Me dijo hace mucho que se iría, pero en Navidad oíste cómo me prometió que nunca se marcharía...
Yo no podía decir nada. Me abrazaron. Les pregunté si podía hacer algo por ellas. Sentía su respiración, sus sollozos... Sólo pude decirles: Siempre estaremos con vosotras, tenéis que seguir con fuerza. Os tenéis la una a la otra. Se sentaron las dos hermanas abrazadas, mirándome de reojo. Sólo les dije que algunas veces los adultos no hacemos lo que decimos, pero tened la seguridad que estaremos con vosotras siempre que nos necesitéis.
Anastasia dice una y otra vez, que a ella le había prometido que no se iría. No entiende por qué le ha mentido. No entiende que haya decidido marcharse sin despedirse. Y no entiende que haya decidido marcharse por el bien de sus niños. Ella no nos preguntó, ella no nos dijo nada. Y continúa llorando.
El ambiente del despacho se vuelve triste, lleno de sombras. En Bucarest anochece y todavía no son las cinco. Yo tengo que marchar, les vuelvo a decir que estamos con ellas, que lo único que deseamos es su bien, que nos alegramos cuando son felices y que nos duele lo que les está sucediendo. Es normal que estéis tristes, pero nosotros estaremos a vuestro lado siempre que nos necesitéis... ¡Mucho ánimo, pequeñas!
Son situaciones como estas las que ponen en juego nuestro ser de hermanos. ¿Como aceptar y entrar en su dolor para poder sembrar esperanza en sus vidas? Son momentos donde el silencio es la mejor y única respuesta a lo que viven. Estar, aceptar, acompañar ... para que nazca el futuro y surjan los sueños. Es el misterio de sus vidas lo que nos interroga y lo que nos hace vulnerables. Sus deseos de dignidad, de vida, de futuro y de amor nos ponen en camino y remueven nuestras entrañas. ¿Cómo permanecer pasivos ante el abandono y el sufrimiento de los más pequeños?

Juan Carlos Sanz, Rumanía.