De Bilbao a Bucarest: el viaje solidario de Txakurbizi

08/01/20. A mis 25 años fui a mi primer viaje solidario, un Campo de Trabajo y Misión (CTM) con la ONGD-SED en Guatemala. Vi y aprendí mucho, me llevé más de lo que pude aportar. Años más tarde puedo decir que esta experiencia cambió mi concepción de viaje de verano. Además, por mi forma de ser, llevo en las venas el ansia de aventura: acampar, dormir bajo las estrellas, bañarme en los ríos y convivir de cerca con la naturaleza; disfrutar de la sencillez de las cosas, escapar de nuestra burbuja de sociedad por unos días o meses.
Este verano pude unir ambas facetas en un viaje espectacular: llegar en bicicleta desde Bilbao hasta el Hogar de acogida de los Maristas en Bucarest junto con mi perro Kuba. Todo comenzó en una sesión de mindfulness. Fue liberar a la mente de las ataduras y obligaciones de nuestra ajetreada rutina y voló, voló lejos, hasta Rumanía concretamente.
Poco a poco, y con la ayuda de los compis del cole, fuimos diseñando el proyecto que más adelante llamaríamos “Txakurbizi”: pedalear los 4000 Km en los dos meses de verano y recaudar así 4000€ para donar a esta casa de acogida de los Maristas en Bucarest. Además, decidí pedir el mes de septiembre de excedencia para poder estar de voluntario en esta casa, la “Case ale Sperantei”, junto con sus 32 niños y niñas que ya estaba deseando conocer.
Los preparativos fueron más de los que en un principio podía haber imaginado: entrevistas de radio, prensa, televisión; presentaciones en colegios y en la Casa de la cultura de Markina, etc. Todo era poco para dar a conocer la iniciativa solidaria y poder alcanzar los dos objetivos que rondaban mi cabeza. Por un lado, recaudar mediante donaciones los simbólicos 4000 € que nos habíamos puesto de meta, y por otro, dar a conocer la realidad de estos niños y al mismo tiempo valorar lo más importante que tenemos nosotros aquí, una familia que nos quiere.
Mención especial merecen los alumnos del colegio Maristak Bilbao por su implicación en la recaudación de dinero mediante venta de chapas, bolsas y camisetas de Txakurbizi. Eskerrik asko benetan!

El viaje
Por fin, el 30 de junio llegaba el soñado día de partida. A las 10h de la mañana salía de Bilbao montado sobre mi bici, con las alforjas llenas y Kuba al lado. Todo era incertidumbre e ilusión a partes iguales. Los primeros días disfruté de la compañía de unos cuantos profesores del cole. A Josu, Rodri, Cazallas y Gari, gracias equipo “txirrindulari” por acompañarnos en los primeros pasos.
El principio no fue fácil, Kuba quería correr todo el tiempo y luego quedaba exhausto, el calor era agobiante, la bici pesaba muchísimo, no encontraba ríos suficientes y los mosquitos me trituraban al atardecer. Con el paso de los días, fuimos adaptándonos al viaje. Los países se sucedían: Francia, Italia, Austria, Eslovenia… y la soledad se iba conjugando con las visitas de familiares, amigos de la “kuadrilla” y profes (amigos también). Kuba había comprendido el estilo de viaje, sabía subir a la caja de un salto, por las noches dormía fuera de la tienda vigilando y su estómago se había adaptado a las diferentes comidas de cada país. Es un todoterreno, un gran compañero de viaje.
Aunque parece que la aventura fue en solitario, nunca fue en soledad. Cada día subía algunas fotos y una pequeña crónica a las redes sociales y recibía muchísimo apoyo de la gente, gente conocida y desconocida que me seguían día tras día dándome ánimos y fuerzas cuando más lo necesitaba. Muchas gracias a todos, os aseguro que en más de una ocasión erais vosotros quienes pedaleabais sobre la bicicleta.
Serbia, Bosnia, Bulgaria y por fin… Rumanía. Nunca olvidaré el momento en que el GPS me decía que faltaba un kilómetro para llegar a mi destino. En el Hogar de acogida me esperaban los Hermanos Maristas junto con los verdaderos protagonistas de esta historia, los niños y niñas.

La Casa de la Esperanza (Case ale Sperantei)
Septiembre fue un mes de abrazos, de acompañar con la presencia y el cariño a todos estos niños: Sebi, Cristina, Barcan, Denisa, Remus, Aleca, y muchos más. Desde las más pequeñitas con 5 años a 19 años que tiene la mayor de todos, forman una gran familia llamada Casa de la esperanza, nunca mejor dicho, dirigida por 4 Hermanos: Juan Carlos, Isaac, Mateo y Antolín, que día tras día con su presencia y cariño guían las vidas de estos inocentes niños.
Finalmente, recaudamos 6120 €, que se utilizarán en este hogar para actividades que hagan más llevaderos los largos días de invierno, desde clases de teatro o música a días de cine y excursiones varias.
Por mi parte, me llevo una experiencia vital que jamás olvidaré, que la conseguí gracias al apoyo de familia, amigos, profes y mucha gente solidaria (sin olvidar a Kuba, mi gran perro). Gracias a todos por permitirme hacer realidad mi ensoñación de una tarde de mindfulness.

 Autor: David Razkin, profesor en el colegio Maristak Bilbao de Provincia Ibérica