Feliz Pascua, despierta a la Vida

05/04/21. Ayer Domingo de Resurrección fue el día de la celebración por antonomasia, la gran celebración de nuestra fe. Es el día de despertar la ALEGRÍA, de despertar a la VIDA. La TRADICIÓN nos dice que resucitar es que la VIDA vence a la muerte. En los relatos parece que ponemos el acento en que Jesús sufrió una reanimación, que el cadáver de Jesús se vuelve a poner el pie. Pero la resurrección es mucho más. La primera comunidad insiste que vuelve a la vida “al tercer día”. El tercer día nos señala cómo resucita Jesús. Jesús resucita en plenitud, que es lo que significa el número 3 en la experiencia judía. Jesús no es un cadáver que se pone de pie.

Y no es la plenitud solo de Jesús, sino de la HUMANIDAD. La esperanza que nos mueve es que ese Dios al que decimos “quédate con nosotros porque cae con nosotros” se ha quedado con nosotros y nos promete “la plenitud”. Por eso la esperanza en 2000 años era la esperanza en Dios que nos ofrece la plenitud. Es la plenitud de toda la humanidad pasada, presente y futura. Este es el destino de toda la humanidad. Ni una sola lágrima se ha derramado sin sentido, ni una ha quedado olvidada, nadie ha muerto olvidado por Dios. Esto es lo que significa “tercer día”. El velo del templo se rompe para que aparezca la verdad de Dios. La VIDA vence y vencerá a la muerte. La humanidad vence y vencerá a la inhumanidad.

Por eso decimos que Dios no es un dios de muertos sino de vivos. Y esta frase es un escándalo. Significa que a Dios no se le muere nadie. Cuando hablamos de la comunión de los santos hablamos de que en la vida de Dios todos estamos profundamente unidos. Y a la vez la resurrección nos muestra donde están los ídolos, dónde apostamos nuestra vida. Los ídolos, bíblicamente, son aquellos que matan, que no dan vida porque están muertos. Este es el anti-reino. Cuando cambiamos la mirada, cuando no despertamos al Dios de la Vida vemos el anti-reino: el poder, la fama, el egocentrismo, la violencia… y suena en nosotros la llamada de Dios a Caín, a nosotros: ¿Dónde está tu hermano? Porque nos estamos yendo hacia los ídolos.

Nuestra esperanza no está en lo que hacemos sino en el Dios que recoge cada lágrima, que no se le muere nada. Esa es la fuente de nuestra esperanza. Pongamos en práctica el cielo y veremos al Señor, vivo para siempre. Despertemos, pongámonos en marcha sabiendo que María camina con nosotros.

Comisión de Vida Marista de la Provincia Ibérica