He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra

12 de febrero. Del 22 al 25 de enero se celebró en Panamá la Jornada Mundial de la Juventud y, ya desde el primer momento, sentimos con claridad que llegábamos a un país muy especial: un país totalmente entregado a la acogida, al encuentro con Dios y los demás, un país cálido, rebosante de color y alegría.

Desde el lema “He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”, Panamá alcanzó la acogida de más de millón y medio de peregrinos, y los panameños nos acogieron con mucho amor y mucha amabilidad. Al pasear por las calles de la ciudad siempre encontrábamos personas cantando, bailando y agitando las banderas de sus países. Fue una semana de celebración por todo lo alto de la Palabra de Dios; esto no hubiera sido posible sin el trabajo previo de todos los voluntarios y personal de seguridad que estaban al completo servicio de los visitantes.

El testimonio de servicio y de acogida atenta lo vivimos con familia Mayorga, que nos acogió durante la JMJ en su casa en la urbanización de El Bosque en el distrito de San Miguelito. Como la mayoría de la sociedad panameña son una familia muy católica que vive realmente, en su día a día, los valores del evangelio.
Aparte de acogernos llegamos a conocernos y a compartir muchas cosas. Clarissa llegó a decirnos que vivía la JMJ a través de nosotros porque no pudo coger fiesta para participar como voluntaria. Richard sí pudo coger fiesta: estuvo todos los días como voluntario en su templo y a nuestra disposición. 

También pudimos compartir ratos de juegos, de travesuras, sustos y viajes en coche con sus hijos Lucas y Mateo. Fueron nuestra alegría cuando llegábamos cansados por la noche a la casa.
No olvidamos los desayunos panameños que nos preparaban Clarissa y la señora Candis. Nos cuidaron como si fuésemos de la familia. El último día, muy agradecidos por tantos gestos de acogida recibidos, hacíamos planes con ellos esperando su visita en España.

Otro de los lugares de acogida y de encuentro con Dios y con los demás fue la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza a la que pertenecían la familia Mayorga.
Durante esos días, esta parroquia nos regaló un verdadero testimonio de acogida, un testimonio de comunidad creyente, totalmente entusiasmada por darse a los peregrinos. Prueba de ello fueron los desayunos generosos, las dinámicas, la alegría de los jóvenes, los testimonios compartidos, las catequesis y eucaristías.
De sus catequesis nos llegaron con fuerza varios mensajes que resonaron y seguirán resonando en nosotros:
 “Dios te ha creado como María para hacer cosas grandes”.
 El mundo puede ser diferente si tú y yo, al estilo de María, asumimos que podemos transformar en mundo desde el servicio. Asumamos hoy el reto a lo que Dios nos llame. En el proyecto de Dios está la plena realización de la persona.
 Si no hay modelos de vida no se pueden cambiar las cosas. El mundo necesita testigos, y esos testigos tienen que ser los jóvenes.
 Estoy llamado a encontrar la identidad: ¿para que estoy llamado? ¿Para quién soy?
 Cuando descubres lo que Dios quiere para ti entonces eres feliz.
 Si estamos en Panamá es porque el Señor espera algo de ti, de nosotros.
 ¿Cuál es la respuesta que le voy a dar a Dios?
 Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad, con un corazón cambiado.
 He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra.

Otros encuentros que vivimos con especial cariño, devoción y entusiasmo fueron cada uno de los encuentros tenidos con el papa. De todos los mensajes que el Papa Francisco ha enviado a los jóvenes de todo el mundo presentes allí, hay dos que tienen mucha importancia para nosotros.

El primero está relacionado con la comunidad, la importancia de tener una comunidad, de pertenecer a una, donde te sientas que te escuchan, te valoran y se preocupan por ti. El Papa Francisco decía que no basta con estar todo el día conectado a la red, a las redes sociales, para sentirse reconocido/reconocida o para sentirse amada/amado. La comunidad es ese lugar donde sentirse parte de algo, donde se encuentra gente que también te necesita a ti y que sobre todo los jóvenes hoy en día necesitamos.

Y el segundo mensaje está relacionado con el lema de la JMJ, “He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra” palabras de María, la cual fue valiente y dijo sí.

Es un sí, que nos invita a salir de nuestra zona de confort, de la comodidad, un sí que está lleno de fuerza, ilusión y ganas por cambiar las cosas.

Un sí que abre puertas a una nueva realidad, porque como decía el Papa Francisco,
“El mundo será mejor cuando haya más personas que estén dispuestas a gestar el mañana, a creer en la fuerza transformadora del amor”.

Y como mensaje final, con el cual nos identificamos los jóvenes que allí nos encontrábamos es “La fuerza de los jóvenes es la que puede cambiar el mundo, es la revolución que puede desbaratar los grandes poderes de este mundo, la revolución del servicio, hay que ser valientes y decir si”.

La gran suerte de vivir la JMJ en este país ha sido tener la oportunidad de sentir que la fe está muy presente en la vida y en la historia de la mayoría de personas de los pueblos latinoamericanos. Cada día hemos sido testigos directos de cómo eso les hace estar orgullosos y felices.

Alba Aguila, Amaya Espuelas, Alba Moreno y H Iñaki Ruiz del Portal