Principios y directrices institucionales

- La primera responsabilidad de los Hermanos Maristas consiste en crear ambientes seguros para los menores y protegerlos de cualquier tipo de agresión o abuso.

- Todos quienes estamos implicados en la tarea de educar a menores tenemos la responsabilidad, el deber y la obligación de velar por su cuidado y seguridad y por su protección frente a cualquier forma de maltrato o abuso.

- Todos los menores tienen el mismo derecho a estar protegidos contra el abuso y la explotación. Debemos actuar en favor de cualquier menor del que se sospeche que está sufriendo abuso, independientemente de la cultura imperante u otras razones.

- Debemos, antes que nada, escuchar atentamente y ofrecer una respuesta compasiva y justa a cualquier persona que afirme haber sido víctima de algún tipo de abuso. Los Hermanos Maristas tenemos la responsabilidad de atender tanto a la “víctima” como a su familia.

- La honestidad y la transparencia deben caracterizar todas nuestras acciones.

- Cada obra de la provincia Ibérica debe acatar la legislación de su propio país o autonomía, informar sobre las acusaciones de abuso, y cooperar total y rápidamente con las autoridades civiles y eclesiásticas.

- Si un educador admite haber abusado de un menor, o una investigación independiente demuestra que ha cometido tal acción, no se le permitirá, en un futuro, participar en actividades en las que tomen parte niños o jóvenes.

- Cualquier educador que haya admitido o que haya sido hallado culpable de abusar criminalmente de un menor deberá ser inmediatamente alejado o despedido del puesto de trabajo que desempeñe en el centro educativo.