Saciemos la sed y vivamos el sueño

1 de marzo. Saciemos la sed y vivamos el sueño (cuadernillo de cuaresma). Cada uno de nosotros y nosotras somos corrientes de vida para nuestro mundo. Somos corrientes que se unen a otras que llenan de dignidad, solidaridad, paz, acogida, desarrollo,… este mundo en el que vivimos. Esta cuaresma es un tiempo ideal para darnos cuenta de lo que cada uno de nosotros está llevando a su realidad. Esta Cuaresma es un tiempo ideal para reconocer todas las corrientes de vida que se extienden a nuestro alrededor quizá de un modo inapreciable, pero presente y eficaz.

De un modo especial, reconocemos La Valla 1817 como el inicio de un sueño junto al río Gier, corriente de vida. Es un sueño de fraternidad, de comunión, de familia,… que se extendió por la Francia post-revolucionaria en medio de la gente, especialmente infancia y juventud del campo. Un sueño que se inspira en la fuerza que da Dios, muchas veces expresada desde la debilidad y la vulnerabilidad. Una fuerza, no obstante, que es capaz de cambiar el mundo porque es una corriente que desemboca en servicio, compasión, solidaridad, atención a los más vulnerables de nuestra sociedad. Un sueño que lleva doscientos años saciando la sed de sentido y plenitud de mucha gente. Una corriente que, a la vez, aviva nuestra sed de justicia y fraternidad.

Formamos parte de este sueño que se extiende por todo el mundo y que está lleno de imaginación, de sencillez, de espíritu de familia. Pero también de mucho compromiso, de mucha cercanía a la gente, de mucha atención a lo que las personas están sufriendo. Es una corriente de vida, de alegría, servicio sencillo, de apuesta por el más débil, de solidaridad concreta,… para nuestro mundo.

Es un sueño que tiene su origen junto al lago de Galilea, junto al río Jordán. Una corriente de vida inspirada en las palabras sencillas y profundas del Maestro de Nazaret, capaces de mover lo mejor de la persona y de indicarle el camino hacia lo que realmente da vida: el amor. Las palabras de Jesús nos ayudan a reconocer lo que palpita en nuestro interior y nos invitan a vivir lo que realmente somos, integrándonos en esta gran corriente de vida que riega nuestro mundo de amor.

No cabe duda de que este año del bicentenario de la fundación de los Maristas y del 25 aniversario de SED, es una buena ocasión para sentirnos unidos a esta corriente de vida que quiere decirle a nuestro mundo una palabra de esperanza, llenando nuestras relaciones de pequeños gestos de compasión hechos de proximidad y compromiso, e inspiradas en las palabras y la vida de Jesús de Nazaret, corriente de vida, fraternidad y servicio para cada uno de nosotros y de nuestros hermanos.

Esta cuaresma es una invitación a unirnos a esta gran corriente de vida que tiene su origen en Galilea y en La Valla. Al hacer silencio o al compartir nuestra oración cada día, nos estamos uniendo a mucha gente que eleva a Dios su corazón. En cada gesto de donación, nos estamos haciendo hermanos de quien camina a nuestro lado. En cada ayuda que prestamos a quien nos necesita, estamos siendo rostro vivo del Amor que vive en nuestro interior. Somos parte de ese gran corazón que late en el mundo. Y que no se puede medir en números. Sólo en latidos apasionados y compasivos, en gestos que revelan la ternura y el cariño comprometido que nos habita. Somos corrientes de vida que llenan el mundo de ternura, de compasión y de bondad. Llevamos dentro de nosotros un agua que sacia nuestra sed y que, a la vez, la aviva.

H. Juan Carlos Fuertes, provincial de Mediterránea